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Historia del cooperativismo en el mundo

En las comunidades primitivas los hombres cooperaban entre sí en las actividades básicas como la caza, la pesca y la recolección, pues desde el comienzo la humanidad ha sentido la necesidad de interrelacionarse con los de su misma especie.

A medida que la sociedad fue desarrollándose se incrementaron las formas de cooperación entre sus miembros. Por ejemplo, los babilonios se organizaron para la explotación común de la tierra; y, los griegos y romanos, por su parte, crearon entre ellos sociedades funerarias y de seguros.

La época de la revolución industrial ocurrida en Europa durante los años 1750 a 1850 marcó una pauta impresionante para el movimiento cooperativo. En Inglaterra muchos trabajadores de la época no siempre recibían su salario en dinero, sino en especie de mala calidad, pesa equivocada y precios muy altos. Y si recibían el salario en dinero, por ser este demasiado bajo, obligada a los trabajadores a someterse a los tenderos que por concederles crédito exigían un valor mayor por la mercancía. Es así como los trabajadores pensaron que uniendo sus esfuerzos podrían convertirse en sus propios proveedores, naciendo en ese momento la idea de las Cooperativas de consumo.

Por otra parte, el desempleo y las gravosas condiciones de trabajo -cuando se conseguía- movieron a otros grupos de trabajadores a organizarse en Cooperativas de Producción y Trabajo, que hoy se denominan Trabajo Asociado.

El caso de Rochdale

Catorce de los pioneros de Rochdale (1865, John Jackson)En la ciudad de Rochdale (Inglaterra), dedicada por mucho tiempo a la industria textil, se presentaron algunas de las consecuencias de la revolución industrial, por lo cual algunos trabajadores pensaron que debían agruparse constituyendo una organización para el suministro de artículos de primera necesidad.

Desde luego, para llegar a ese objetivo debieron antes, con gran esfuerzo de su parte, ahorrar cada uno en la medida de sus capacidades, logrando así reunir un pequeño capital de 28 libras esterlinas, una por cada uno de los socios. Con ese exiguo patrimonio, fundaron una sociedad denominada “De los probos pioneros de Rochdale”.

La mayoría de estos hombres eran tejedores, pero en el grupo también figuraban algunos más ilustrados que habían tenido participación en otras organizaciones de beneficio común.

El Museo “Toad Lane” fue creado para conmemorar a los Pioneros de Rochdale; está ubicado en Rochdale (cerca a Manchester), Lancashire

El 21 de diciembre de 1844, a pesar de las opiniones de los comerciantes establecidos y otros ciudadanos, los pioneros de Rochdale abrieron un pequeño almacén en la llamada Callejuela del Sapo. Para sorpresa de los que les auguraron un rotundo fracaso, la incipiente institución fue creciendo e incluyendo en su organización a muchas personas de localidades aledañas.

El éxito de esta sociedad se basó en sus principios, entre los cuales se destacan: que un miembro es igual a un voto; que no hacían distinción de sexo entre los miembros; que sólo las provisiones puras debían venderse en peso y medida completos; y que se asignaba un dividendo a los miembros, garantizando que todos los beneficios fueran distribuidos dependiendo de la cantidad de compras hechas por los miembros individuales.

Así comenzó el cooperativismo de consumo en Gran Bretaña cuyo desarrollo abarcó, no sólo a Europa Continental, sino al resto del mundo. La propagación de este movimiento se debe fundamentalmente al valor y fidelidad que se le otorgaban a las ideas más que al poder económico.

 

Simultáneamente surgen otras experiencias en Francia, España y otros países europeos. Entre los primeros grandes pensadores del cooperativismo se encuentran Robert Owen (inglés), Charles Fourier (francés) y Friedrich Wilhelm Raiffeisen (alemán). Estos visionarios proponían que la solución de los problemas sociales se puede lograr a través de la cooperación entre los individuos.

Roberto Owen
1771-1858   
 Carlos Fourier
1772-1837 
 Friedrich Wilhelm
Raiffeisen
(1818-1888)

Bajo la inspiración de Friedrich Wilhelm Raiffeisen  surgían en Alemania las Cooperativas de Crédito orientada a los campesinos; y más tarde las Cooperativas para el aprovisionamiento de insumos y para la comercialización de los productos agrícolas.

Asimismo, con la dirección de Hernan Shulze-Delitzsch se iniciaba en el país germano el movimiento de los lamados Bancos Populares, o sea, las Cooperativas de Ahorro y Crédito (CAC), orientadas principalmente a servir a los artesanos y pequeños industriales.

En Francia, en tanto, prosperaban las Cooperativas de Producción y Trabajo, con ejemplos tan conocidos como el "familisterio".

En los países escandinavos surgió el cooperativismo de Vivienda y el de Seguros Cooperativos.

En España -y algunas de sus características son igualmente aplicables en Portugal- el cooperativismo de Consumo, que aparece a fines del siglo pasado, tiene dos orientaciones: en el norte, principalmente en Cataluña, se desarrollan las Cooperativas de Consumo; mientras que en el centro y otras provincias el mayor auge corresponde a las Cooperativas del Campo.

Este movimiento llega a América del Norte durante los últimos años del siglo XIX y los primeros del pasado. El periodista canadiense Alfonso Desjardins trajo a su país la idea de las CAC, organizaciones que de pronto se extendieron también a los Estados Unidos debido a la acción de Eduardo A. Filene y de Roy F. Bergengren.

 Alfonso Desjardins
1860-1937
Edward A. Filene
1860-1937 
Roy F. Bergengren
(1879-1955)

Otros inmigrantes Europeos trajeron a América del Norte las demás formas de cooperación. En Canadá y los Estados Unidos tomaron gran incremento las Cooperativas Agrícolas.

El llamado Movimiento Cooperativo de Antigonish, orientado por la Universidad de San Francisco Javier (Nueva Escocia), tuvo una gran influencia en la transformación de las provincias marítimas de Canadá.

Es importante decir que las Cooperativas, en su proceso de desarrollo, casi desde el inicio del movimiento cooperativo, establecieron diversas formas de integración, dando origen en 1895 a la Alianza Cooperativa Internacional (ACI).

El caso de América

Al analizar los orígenes remotos del cooperativismo en América es imposible dejar de mencionar a las instituciones precolombinas que guardan alguna relación con el sistema cooperativo.

El sociólogo colombiano Aldo Cardona, quien ha estudiado con empeño particular las relaciones entre las comunidades indígenas primitivas y el cooperativismo, dice que a pesar de las múltiples diferencias culturales y sociales que caracterizaron a las grandes familias pobladoras de América desde tiempos inmemorables, la característica esencial, el núcleo determinante de la organización económica y social, el factor principal de cohesión, el motor de la organización social, en una palabra el alma de estas economías, fue la cooperación.

En primer lugar las formas de cultivo entre los Incas. Los jefes de familia podían trabajar la parcela de tierra que les había correspondido en el reparto anual y podían solicitar la ayuda de otros miembros de la comunidad. Este sistema era llamado Minka.

Por otra parte en el México precolombino existió la institución llamada Calpulli, en la cual se pueden identificar los caracteres cooperativos del régimen de propiedad, los que están representados en el siguiente hecho: las tierras de un barrio determinado estaban lotificadas y cada lote pertenecía a una familia que la explotaba por su propia cuenta.

Quiere esto decir que el barrio no era un conjunto de tierras explotadas en común, sin que nadie fuera dueño de nada, sino que sin poseerla en propiedad privada individual y sin una disposición enteramente libre para enajenarla, la propiedad era familiar, hereditaria y condicionada al bien social cuando a la condición de propietario se le daba la calidad de que, por cuanto al usufructo se refiere, después del pago de tributos, era íntegramente para el beneficio de las familias.

Cuando se habla de los orígenes próximos de la cooperación en Iberoamérica, se hace referencia a organizaciones económico-sociales establecidas de conformidad a los principios y métodos que aparecieron a mediados del siglo pasado en Europa y que han configurado el denominado sistema cooperativo.

Fueron las corrientes inmigratorias, las actividades culturales y las circunstancias políticas las que influyeron en el desarrollo del cooperativismo en esta parte del continente americano.
  
Así, por ejemplo, los inmigrantes alemanes, suizos e italianos dan origen en el sur del Brasil a las Cooperativas agrícolas y de crédito que habían hecho célebres en sus países Friedrich Wilhelm Raiffeisen y Luis Luzzatti.

En Argentina son colonos franceses quienes, en 1898, fundan la primera Cooperativa llamada el “Progreso Agrícola de Pigüé” e inmigrantes judíos los realizadores en 1900 de una Cooperativa de agricultores en la provincia de Entreríos. La gran Cooperativa urbana de Buenos Aires, llamada “El Hogar Obrero”, fue fundada en 1905 con decisiva participación del estadista argentino Juan B. Justo. 

En el año de 1873, se organiza en la ciudad de México una Cooperativa de profesionales de la sastrería, conforme con el modelo francés de las asociaciones obreras de producción de París, originadas en las ideas de Luis Blanc.

La agrupación de los trabajadores pertenecientes a empresas públicas y privadas, en sindicatos, sirvió de base a las Cooperativas de propósitos múltiples (con secciones de crédito, consumo, vivienda, previsión, etc.), que han sido muy comunes en algunas de las más grandes ciudades de Iberoamérica.

Ya bastante avanzado el siglo pasado, empieza a ser apreciable la influencia del cooperativismo de América del Norte al resto del continente, especialmente en algunos campos.

Las CAC, que se inician en Canadá, pasan luego a los Estados Unidos donde logran una gran expansión y se integran a la poderosa organización conocida con el nombre de Credit Union National Association (Cuna), o Asociación Nacional de Uniones de Crédito, que resuelve extender su acción a otros lugares fuera de Norteamérica, ayudando eficazmente al incremento de esta clase de Cooperativas en varios países de Iberoamérica.

Años más tarde, otras organizaciones cooperativas norteamericanas, especialmente la Liga de Cooperativas de los Estados Unidos, que hoy se denomina Asociación Nacional de Empresas Cooperativas, ofrecieron asistencia técnica y ayuda económica para el desenvolvimiento de la Cooperación en Iberoamérica. Lo propio puede decirse de algunos organismos internacionales, particularmente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y la Oficina Internacional del Trabajo (OIT).

Los Gobiernos por su parte, se han interesado mucho por el desarrollo cooperativo, en algunos casos mediante la iniciativa de estadistas de amplia visión, y en otros por la acción de los propios movimientos cooperativos.

El interés gubernamental que ha presentado apreciables diferencias de grado en los diversos países iberoamericanos, se han expresado en la expedición de leyes especiales para regular el funcionamiento de las cooperativas, disposiciones que otorgan exenciones y ventajas en favor de estas entidades, normas que tratan de extender los conocimientos en materia cooperativa, ayudas financieras directas y participación de los organismos cooperativos en los planes generales de desarrollo.

Especial significación han tenido las normas sobre reforma agraria que se han expedido en varios países de América y que incluyen importantes capítulos sobre organización de los beneficiarios de las reformas en Cooperativas agropecuarias de funciones múltiples.

También las organizaciones religiosas, particularmente las de la Iglesia Católica, han tenido influencia en la expansión de esta doctrina en los países iberoamericanos.

Es así como paulatinamente van apareciendo en el panorama cooperativo iberoamericano asociaciones, federaciones, confederaciones y uniones cooperativas que sirven a las entidades afiliadas en actividades económicas, empresariales y también en las de promoción, educación y representación.
La integración internacional se demoró un poco más. Aunque es cierto que algunas organizaciones cooperativas de los países americanos se afiliaron desde hace muchos años a la ACI, la integración a nivel regional sólo se inició con firmeza en 1957 con la fundación de la Confederación Cooperativa del Caribe y, se consolidó con la constitución de la Organización de Cooperativas de América (OCA, 1963) y la Confederación Latinoamericana de Cooperativas de Ahorro y Crédito (Colac, 1970).

Newsflash

El Seminario Internacional “LatinoPyme 2010” se realizó este 7 y 8 de enero en la sede de Santiago de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En este cónclave (el primero del año bicentenario) se expuso sobre la mermada situación en que se encuentran las Pequeñas y Medianas Empresas (Pyme) debido a la ausencia de políticas sociales que las favorezcan, situación que no es exclusiva de nuestro país, pues en la actividad quedó de manifiesto que se repite en toda Latinoamérica.